Project Description

2025

21 de Junio, 17:00

Carlos Bunga. Pensar con las manos y Saltimbanqui

El trabajo de Carlos Bunga (1976, Oporto, Portugal) parte de una reflexión sobre la fragilidad y la transitoriedad de las estructuras que habitamos arquitectónicas, sociales o simbólicas a través de materiales efímeros como cartón, cinta adhesiva o muebles reutilizados para levantar arquitecturas precarias. Estas construcciones están impregnadas de una dimensión utópica, pues invocan la posibilidad de otras formas de habitar, más abiertas, sensibles, sostenibles y humanas. Sus instalaciones, pinturas, esculturas y películas ―todas con una dimensión performativa en las que se intuyen la acción física del construir y destruir― pueden parecer frágiles o incluso inestables, pero precisamente por eso abren la posibilidad de pensar en sistemas más flexibles. La obra de Carlos Bunga es profundamente política, una invitación a repensar cómo habitamos y qué podríamos llegar a construir si nos alejamos de la monumentalidad y de las estructuras permanentes asociadas al poder para proponer arquitecturas temporales, móviles y sensibles al entorno.

Pensar con las manos

Lápiz sobre papel vegetal

Carlos Bunga centra su atención en las manos que crean, que construyen, que piensan. Frente a la lógica occidental, que separa mente y cuerpo, se aproxima a una visión más encarnada del conocimiento, en sintonía con los planteamientos de la socióloga de origen aimara Silvia Rivera Cusicanqui. El artista convierte el dibujo en un acto de resistencia, en el que el saber no se impone desde arriba, sino que se construye desde abajo, en comunidad, con el cuerpo como territorio y herramienta. Aquí, el arte no se separa de la vida; se convierte en vehículo para imaginar otras formas de existencia más justas y solidarias.

Saltimbanqui

Bicicletas, escalera, ruedas, listones de madera, maderas pintadas, sillas, manzana, dados, cartas, copas, manguera, martillo y tumbona

Transforma el mobiliario cotidiano en estructuras inestables que recuerdan tanto a torres humanas como a sistemas sociales en tensión. La figura del saltimbanqui —el acróbata, el artista nómada que sobrevive entre márgenes— se convierte aquí en una metáfora poderosa al representar a quienes, desde abajo, sostienen con esfuerzo y precariedad espacios de esperanza. Apilando maderas como si fuesen cuerpos que se mantienen mutuamente, la instalación propone un modelo social basado en las torres humanas de interdependencia, solidaridad y creación colectiva. Lo lúdico y lo frágil se entrelazan componiendo formas de resistencia. En lugar de exaltar al individuo como héroe solitario, la obra pone en valor lo común, la cooperación que permite desafiar no solo la gravedad, sino también las estructuras de exclusión.